El Nobel de literatura Mario Vargas Llosa fue galardonado el pasado martes con el II Premio don Quijote de Periodismo por un artículo sobre Cusco publicado en El País en 2015. Para el escritor, el periodismo es tan importante como la literatura. Os invito a deleitaros con su lectura, no os defraudará.

Cusco o Cuzco, en quechua “Q’usqu” significa el ombligo del mundo. La ciudad colonial fue capital del Imperio Inca o Tahuanatinsuyu y está maravillosamente dibujada con la forma de un enorme puma.

No hay espectáculo más impresionante que ver amanecer desde la plaza de Armas de la antigua ciudad, cuando despuntan en la imprecisa luminosidad del alba los macizos templos color ocre oscuro y los balcones coloniales, los techos de tejas, la erupción de campanarios y torres y, en todo el rededor, el horizonte quebrado de los Andes que circunda como una muralla medieval al que fue el orgulloso “ombligo del mundo” en tiempo de los incas

mapa_cusco_y_peru

Es un artículo apasionante. Una carta de amor cuyo destinatario es el misterioso Cusco “Como siempre, los dos primeros días, los 3.400 metros de altura los siento en la presión de las sienes y en el ritmo acelerado del corazón, pero la emoción es la misma, un sentimiento agridulce de asombro ante la belleza del paisaje urbano y geográfico y de agobio ante el presentimiento de la infinita violencia que está detrás de esos templos, palacios, conventos, donde, como en pocos lugares del planeta, se mezclan y funden dos culturas, dos historias, costumbres, lenguas y tradiciones diferente

Vargas Llosa ensalza y recalca la importancia del mestizaje en la ciudad inca. Esa mescolanza que atrapa y que “se manifiesta por doquier, en las ciudades, las aldeas y el campo cusqueños, es la fusión de lo incaico y lo español”

Un lugar donde el mal de altura te lo cura cualquier señora de rostro oscuro, cabello bruñido y sonrisa indígena con una infusión de hojas. El mate de coca es una bebida milenaria que se inventó para dicho fin.

Te acechan muros, campanarios, templos, iglesias o casas con infinidad de amuletos en los tejados como platos pintados con círculos concéntricos como ‘Mandalas‘ (la fuerza del universo), muñecos de trapo y cabezas de muñecas (quitapenas) o medallas religiosas (soporte de fuerzas divinas). “Pero, acaso lo más importante es que están lejos de ser museos, es decir, de haberse quedado congelados en el tiempo”

Sin lugar a dudas, el nobel de literatura me conquista cuando evoca la riqueza del lenguaje de la zona inca.“Ya en tiempos prehispánicos era una ciudad cosmopolita donde, además del quechua —el runa simi o lengua general— se hablaban todas las lenguas y dialectos del imperio. Hoy ocurre lo mismo, con la diferencia de que las lenguas que escucho a mi alrededor, en estas primeras horas mágicas del día, provienen del mundo entero, porque el turismo que invade Cusco a lo largo del año procede de los cuatro puntos cardinales”

En esta ciudad, en gran parte bilingüe, los cusqueños quechua hablantes suelen jactarse de hablar el quechua más clásico y puro del Perú

Y si Vargas Llosa engatusa hablando de la riqueza lingüística oriunda, el siguiente fragmento no sé si cautiva más incluso. Es un canto a la riqueza y versatilidad de nuestra lengua, el castellano. El español que se habla en Cusco se conserva como el buen vino, con nutrientes expresivos ligados al mestizaje que deleitan los oídos. De aquel parto doloroso pero afortunado nació Inca Garcilaso de la Vega, considerado el primer mestizo del Perú.

“(…)el español que se habla en el Cusco es un dechado de elegancia, desenvoltura y discreción, sobre todo cuando lo hablan las personas cultas. Mechado de lindos arcaísmos, suena con una música alegre que parece salida de los manantiales saltarines que bajan de los cerros, o, si se endurece en las discusiones y arrebatos, resuena grave, solemne y antiguo, con un deje de autoridad. Está cuidadosamente pronunciado, con unas erres y jotas vibrantes, y es siempre elocuente, discreto, amable y educado” 

Así hablan desde Inca Garcilaso y lo conservan intacto como si el tiempo no siguiera su curso en Cusco.

(…) aquí pasó su infancia y adolescencia, y vio con sus propios ojos y guardó para siempre en su memoria esa época tumultuosa y terrible de la conquista y el desgarramiento cultural y humano que generó. Aquí escuchó a los sobrevivientes de la nobleza incaica, a la que pertenecía su madre, llorar ese glorioso pasado imperial “que se tornaría vasallaje” y que evocaría luego, en Andalucía, en las hermosas páginas de Los comentarios reales (…) el primero en reivindicar sus ancestros indios y españoles y en llamarse a sí mismo “un peruano”.

“A los hijos de español y de india, o de indio y española, nos llaman mestizos, por decir que somos mezclados de ambas naciones; fue impuesto por los primeros españoles que tuvieron hijos en Indias; y por ser nombre impuesto por nuestros padres y por su significación, me lo llamo yo a boca llena y me honro con él. Aunque en Indias si a uno de ellos le dicen sois un mestizo, lo toman por menosprecio” (“Comentarios Reales”)

Sunset Over Cusco

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